Buenos Aires, 26 de octubre 2007
 Actividades
 Premios
 Investigaciones
 Publicaciones
 Novedades
 Documentos y
 Declaraciones
 Convenios
 Enlaces
 Publicaciones de
.nuestros académicos
 
   
 



   

Discurso de incorporación del Dr. Julio A. Macchi

 

Señor Vicepresidente de la Academia Nacional de Ciencias de la Empresa
Doctor Javier Villanueva
Señores Académicos
Señoras, Señores

Es para mi un gran honor incorporarme a la Academia Nacional de Ciencias de la Empresa, y quiero agradecer profunda y sentidamente ésta distinción.
También quiero agradecer a todos aquellos que hoy están acompañándome física o espiritualmente en tan emotivo acto, como así también las generosas palabras de presentación del académico Dr. Guillermo E. Alchouron.

Coincidió mi niñez y gran parte de mi juventud con el primero y segundo gobierno de J. D. Perón, y nunca imaginé que me iba a tocar ocupar el lugar -en ésta Academia- de dos de sus más relevantes actores y prominentes ministros.

Me refiero sin duda al Patrono del sitial que hoy ocupo, el Dr. Alfredo Gómez Morales, y a quien me antecedió en el mismo el Dr. Ramón Antonio Cereijo.

Fueron dos hombres exitosos tanto en su vida pública como privada, y  contemporáneos en muchos aspectos de su larga trayectoria.

En efecto, ambos nacieron en la primera década del siglo, y desaparecieron en la última, y vivieron bajo las mismas circunstancias las dos guerras mundiales.

Ambos se graduaron en la Facultad de Ciencias Económicas de la U.B.A., y se doctoraron en la misma. Comenzaron su vida laboral activa en lo que fue la Dirección de Réditos bajo las enseñanzas de un verdadero maestro. Me refiero al Dr. Ernesto Malaccorto. Esa Dirección fue algo así como una escuela de post-grado de la época, y allí se formaron y prepararon para ocupar cargos de importancia en la vida política y económica del país.

Ambos fueron brillantes en el desempeño de importantes funciones. El Dr. Cereijo ocupó el Ministerio de Hacienda de la Nación desde 1946 hasta 1952, en tanto que el Dr. Gómez Morales presidió el B.C.R.A. y fue ministro de Finanzas de la Nación a partir de 1952
Ambos pertenecieron a la que se llamó la generación del 30, y se caracterizaron por  la austeridad en sus costumbres, su vocación de servicio, el cuidado de la cosa pública como propia, y la defensa inteligente de los intereses nacionales. Ambos fueron serios y competentes en todo lo que emprendieron. En resumen fueron y son un verdadero ejemplo.

Pero no obstante éstos paralelos, sus cargos más altos curiosamente los desempeñaron en escenarios distintos. En efecto, mientras al Dr. Cereijo en su cargo de ministro le tocó administrar la bonanza que vivió el país en la postguerra, el Dr. Gómez Morales debió conducir la economía en circunstancias verdaderamente difíciles. Eran épocas de escasez, donde los recursos no alcanzaban para satisfacer todas las necesidades de un país que crecía, tal vez desordenadamente. Elaboró el llamado Plan Económico de Coyuntura, basado prácticamente en una economía de guerra. El mundo comenzaba a recomponer sus economías y a Argentina se le terminaban los buenos precios de sus productos agrícolas. Ya no alcanzaba con vender lo que producía. En ese contexto percibió la creciente importancia de un bien como el petróleo y la dependencia que teníamos en ese rubro y con visión de futuro pergeñó la apertura a las inversiones en ese sector. Podríamos decir sin temor a equivocarnos que fue un verdadero piloto de tormentas.

Ante tanta coincidencia hubo sin embargo algo que los separaba. Fueron sus gustos futbolísticos. Mientras el Dr. Cereijo era un reconocido y fanático simpatizante  del Racing Club de Avellaneda, el Dr. Gómez Morales como dilecto hijo del porteño barrio de Villa Crespo vivaba fervorosamente los goles de Atlanta.

Ambos también vivieron activamente hasta el final de sus vidas, El Dr. Gómez Morales consagrado a su estudio que compartió con su sobrino, el Dr. Carlos Carballo, y el Dr. Cereijo a la pasión que compartía con el fútbol. Me refiero a la  enseñanza universitaria, donde formó parte de Consejos Académicos, Jurados, Claustros Docentes y de Profesores, y fue designado en 1987 Profesor Emérito de la Universidad de Buenos Aires.

Estoy seguro que  ambos  compartirían muchas de  las inquietudes que voy a volcar en mi presentación, y me hubiera gustado también escuchar de ambos sus fundadas críticas.
Paso ahora a mi exposición como nuevo académico.

Necesidad e importancia de un Mercado Nacional de Capitales de nivel internacional.

He elegido éste tema para mi presentación, porque estoy convencido que no se puede pensar en un país desarrollado y en crecimiento, si el mismo no tiene a su vez un mercado de capitales que permita financiar genuinamente los proyectos de inversión que dan lugar al  desarrollo y al crecimiento.

El ciclo virtuoso generado por el ahorro, la inversión, el desarrollo y el crecimiento,  no hace más que describir el  movimiento de un mercado de capitales.

Es que el rol de un mercado de capitales es justamente el de  canalizar el ahorro   hacia la inversión productiva.

Ello permite, por un lado, a los demandantes de fondos, tanto del sector público como del privado, obtener el financiamiento que necesitan para llevar adelante sus proyectos, y por el otro  pone a disposición de los inversores,  distintas opciones  para que puedan invertir óptimamente sus ahorros.

Pero hay otro rol, también muy importante, que cumplen los mercados de capitales, y es el de proyectar su imagen  sobre un país e influir en la calificación buena o mala que éste tenga  en el concierto internacional, hoy globalizado. 

No hay ninguna duda que  tiene una mejor y mayor presencia, un país que se apoya en un mercado de capitales desarrollado y autosuficiente, que aquel que carece del mismo y depende necesariamente de los flujos de fondos que le provean otros mercados.

Este fenómeno lo hemos comprobado empíricamente los argentinos con las distintas crisis financieras internacionales que de una manera u otra nos han afectado. La pregunta es, porque nos golpea cualquier crisis y no sólo aquellas que naturalmente deberían hacerlo? La respuesta es porque argentina no tiene un mercado  de capitales lo suficientemente desarrollado como para  resistirlas y ser inmune a las mismas, cualquiera sea su origen, y entonces somos dependientes de los flujos de capital que nos proveen los mercados  externos para poder superar  la coyuntura. Ese financiamiento se otorga generalmente bajo severas condiciones y exigencias que pueden agravar aún más los efectos producidos, con lo cual ese círculo virtuoso puede convertirse rápidamente en un circulo vicioso.

Por ello considero que si verdaderamente queremos ser independientes en nuestras decisiones como nación y volver a crecer al margen de las crisis que ocurran, necesitamos imperiosamente desarrollar nuestro mercado de capitales, para que permita a los argentinos ahorrar e invertir en el país y que alcanzando nivel internacional atraiga a los inversores externos.

Estoy convencido que ese objetivo es absolutamente posible de lograr.

Como en todos los aspectos de la vida lo primero es proponérselo.

Se requiere una gran voluntad política y el compromiso de todos los actores y participantes, -gobierno, emisores, instituciones, inversores y operadores-.

En esto se ha dado un gran paso al convocar el gobierno a instituciones y operadores a superar diferencias y avanzar en un acuerdo programático inicial  firmado en el mes de marzo ultimo. De allí en adelante, si acompaña la voluntad de las partes, surgirán sin duda grandes avances, que ayudarán a rediseñar el sistema bursátil argentino.

Pero también es importante contemplar aspectos macro, como las distorsiones regulatorias e impositivas que crean ventajas y asimetrías en favor de los mercados externos, entre ellos los llamados paraísos fiscales. Si aceptamos que Argentina es hoy un país capital-dependiente, debemos crear condiciones que por un lado alienten el ahorro y la inversión local y a la vez atraigan a los inversores de todo el mundo, con reglas claras y estables. No podemos ignorar que una gran parte del ahorro de los argentinos se halla depositado o invertido en el exterior, y que no están dispuestos a volver al país, si no encuentran condiciones ventajosas para hacerlo. Por el contrario, cada vez es mayor la atracción que ofrecen los mercados centrales y los llamados paraísos fiscales, y con ellos debemos competir. Tenemos que hacerlo con inteligencia y creatividad, atendiendo no solo a cuestiones impositivas o regulatorias, sino también a parámetros de seguridad, confiabilidad, y cumplimiento de las normas, donde sabemos que éstos últimos son flojos.
Quiero ser preciso en mi intención y aclarar que no estoy proponiendo convertirnos en un paraíso fiscal. Pero si creo por el contrario que es factible desarrollar lo que podría ser una zona franca financiera, con un mercado de capitales de gran calidad y que convierta a Buenos Aires en el centro financiero de la región, reteniendo a los inversores locales y atrayendo a los de todo el mundo, que es realmente lo que necesitamos.

La actual ley de inversiones extranjeras, una legislación moderna que hoy tenemos en materia de fondos de inversión y de fideicomisos, la sanidad y estabilidad monetaria que brinda la convertibilidad, como así también la libertad cambiaria, ofrecen un marco adecuado y nos otorga ventajas comparativas y competitivas extraordinarias respecto de otros países emergentes y de la región. Saber aprovecharlas es nuestro desafío.

Me parece que avanzar en éstos aspectos, más otros sumamente relevantes y que no son necesariamente materia de ésta presentación, pero que todos conocemos, mencionando a título de ejemplo la seguridad jurídica, el efectivo cumplimiento de las normas regulatorias, la transparencia en la gestión pública, la salud fiscal de la república, ayudarían sin duda a bajar el riesgo país, lo cual es indispensable, realimentando el ciclo virtuoso que pone en movimiento un mercado de capitales.
Para ello es preciso revestir al mercado local de calidad internacional, cumpliendo parámetros que exigen los inversores para invertir sus fondos en el mismo, prefiriéndolo a otros.

Para avanzar en mi presentación, voy ahora a referirme a los dos pilares en los que se apoya un mercado de capitales y que son el sistema financiero o bancario y el sistema bursátil.

Respecto al primero cabe señalar que el mismo, luego de correr serios riesgos durante la crisis del tequila, encaró los cambios y transformaciones necesarias, que hoy permiten exhibirlo como seguro, confiable y relativamente eficiente. Por eso, sin ignorar que aún quedan tareas pendientes para terminar de consolidarlo, en las crisis que siguieron al tequila, no solo no hubo riesgo cambiario, sino que el riesgo bancario se redujo notablemente, lo que permitió que sus efectos se sintieran con menor intensidad.

 

 

página 1 página 2 página 3



volver

 
  Chile 1180 - (C1098AAX)
Teléfono y fax: 4021-7803  |4000-7638
Buenos Aires, Capital Federal - Rep. Argentina