Buenos Aires, 26 de octubre 2007
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Discurso de incorporación del Dr. Guillermo E. Alchouro

 

Quiero comenzar por agradecer a la Academia Argentina de Ciencias de la Empresa el honor de incorporarme a la misma ocupando el sitial de Vicente L. Casares.

También agradezco a todos aquellos que hoy han tenido la afectuosa actitud de acompañarme en tan grato momento.

No puede menos que conmoverme el que me toque representar en esta Academia a una figura tan trascendente como la que es titular de este sitial.

Para quienes, como yo, hace cuarenta años empezaron su carrera empresaria en el espacio de la producción láctea, la figura de Vicente L. Casares resulta esencialmente familiar y querida.
Desde mi juventud consideré a Vicente Casares como una leyenda y como uno de los pioneros del campo argentino, a quienes no se discute ni se analiza, sino que, simplemente, se los admira.
El sentimiento que se apoderó de mí al asumir la misma actividad donde mi antecesor descolló, se ve hoy enriquecido por el conocimiento de la vida y obra de este patriota de fines del siglo pasado. De allí que, cuando supe de mi designación en esta Academia, profundicé aquel conocimiento y encontré una importante bibliografía sobre tan relevante personalidad. Entre otros escritos se distingue el artículo titulado "Los Casares", escrito por César Alberto Lozano en la Revista Anales de la Sociedad Rural Argentina, varios años atrás.

Allí Lozano comienza su trabajo diciendo: "Se debe iniciar la historia de la raza Holando y de la industria lechera recordando a Vicente L. Casares, figura culminante de la historia de nuestra agricultura y nuestra ganadería".

Tal vez esta frase resume la opinión unánime de quienes conocieron a Casares y de quienes, sin conocerlo, supieron de su obra.

Inició en 1866 la Cabaña y Estancia San Martín, luego la Martona, en Cañuelas y fue, en 1871, el primer exportador de trigo a Europa. Trigo producido además en aquel establecimiento.
Fundó a pedido de Carlos Pellegrini el Banco de la Nación Argentina, siendo su primer Presidente. Durante su participación en la vida política llegó a la Presidencia del Partido Autonomista y fue candidato a la Vicepresidencia de la Nación.

Seguir con la historia de Vicente Casares significaría un apasionante relato que no es posible, hoy, prolongar. Me quedo entonces con una frase de Lozano que tiene el valor de un preciso resumen: "Como buen argentino Casares nunca pudo negarse a prestar su concurso al país y por esto, más de una vez, se vio embarcado en torbellinos políticos complicados que contaron con su sereno y austero consejo".

Como se puede advertir en esta descripción, Vicente L. Casares fue un empresario con mayúsculas que, cuando tuvo que brindarse al país, lo hizo con fervor y honestidad y, cuando creyó que tenía que regresar a su actividad inicial, lo hizo con la sencillez y humildad propia de los grandes.
Voy ahora a mi exposición como nuevo Académico.

El título de esta conferencia puede sugerir la idea de un pronóstico basado en una información detallada de cifras y cálculos en materia de exportaciones e importaciones que nuestro país podría mostrar en el futuro y en el análisis de otros temas que pueden considerarse incluidos en el concepto de "relación económica" .

No pienso distraer a ustedes con esa línea de exposición.

En realidad, el objetivo de esta charla es plantear mis ideas acerca de la forma en que la Argentina debe encarar, en el futuro, el trascendental tema de las relaciones económicas internacionales, para lograr en esta materia una posición de significativa mayor importancia que la actual, que nos ubica en un lugar secundario en ese aspecto.

Hablar de relaciones económicas con los otros países del mundo significa referirse, por una parte, al comercio externo y, por la otra, a la inversión del mundo en la Argentina y de nuestro país fuera de sus fronteras. Pero es necesario también, admitir que comercio e inversión están directamente vinculados a la producción y que, para crecer en la producción, es indispensable la inversión.
Esto no es novedad para nadie, aunque sí es necesario replantear, un análisis pormenorizado de la realidad que hoy enfrenta nuestro país, ante el desafío de crecer significativamente en sus relaciones económicas internacionales.

Hace poco más de medio siglo, la Argentina ocupaba un rango elevado entre las naciones exitosas del planeta.

Nuestro producto bruto interno y nuestro ingreso "per cápita" estaban ubicados entre los primeros puestos y nuestro comercio internacional ocupaba alrededor del 3% de la suma de exportaciones e importaciones mundiales. Éramos realmente un país rico.

Cincuenta años después, hemos descendido muchos lugares en el posicionamiento en esas materias y nuestro comercio externo representa alrededor del 3 por mil del mundo, es decir, es 10 veces proporcionalmente menor, aunque hemos mejorado algo nuestra "performance" de cinco años atrás.

Dejando para más adelante el tema de las inversiones, señalaré que, en 1995, nuestras exportaciones e importaciones, con una cifra de 40.000 millones de dólares, superaron las de 1990, cuando estábamos en la mitad de esa cifra.

Sin embargo, los números actuales siguen siendo insignificantes en comparación con los países que, hace apenas unas décadas, estaban muy por debajo de nosotros.

Estoy convencido que los argentinos podemos mejorar sensiblemente nuestra "performance" actual, pero también creo que ello no ocurrirá por milagro ni por una actitud voluntarista, sino por la corrección de algunos defectos y la incorporación de un buen número de aciertos en las políticas que vienen.

Como consecuencia de mi gestión como dirigente de la producción durante muchos años, me suelen preguntar sobre el futuro de nuestra agroindustria y esta cuestión me es formulada más asiduamente con motivo de algunas decisiones fiscales tomadas, o en ciernes, que afectan la rentabilidad de ese sector.

Y mi respuesta es inexorablemente la misma: jamás la Argentina agroindustrial tuvo un futuro más promisorio que el que se presenta hoy, en 1996.

Existen razones válidas de orden nacional e internacional para avalar este aserto. Veamos las externas:

1) Vivimos en un mundo globalizado con muy escasas -tal vez nulas- hipótesis de conflicto que arrastren a guerras mundiales. La mundialización, como prefiere llamar Javier Pérez de Cuéllar a la globalización, ya no podía ser detenida por nada ni por nadie.

2) En consecuencia, los países están intelectualmente convencidos de encarar su futuro consolidando la paz y pensando en acrecentar su calidad de vida.

3) En uno de los rubros de mejor competitividad de la economía argentina, como lo es la producción agroindustrial, el mundo demanda más y mejores productos.

4) En la mayor parte de los casos la demanda supera la oferta, lo que implica precios establemente mas altos para esta producción.

5) La tendencia de los años 90 está claramente dirigida al desmantelamiento del proteccionismo. El GATT y ahora la Organización Mundial del Comercio son foros que provocan una. mayor transparencia en los mercados, al suprimir paulatinamente los subsidios a la exportación, condición esencial para un mejor desempeño de nuestra producción a nivel internacional. Según cálculos serios, ante los cambios que se están operando en China y Rusia, el 87% del mundo vivirá en economía de mercado. Internamente también existen factores favorables:

1) La Argentina va percibiendo con claridad que el estancamiento que la paralizó durante varias décadas tuvo su razón de ser en el estatismo, la manipulación cambiaria, el cierre de la economía y un "reglamentarismo" desmedido.

2) Para contrarrestar esa tendencia, hemos privatizado, abierto la economía, logrando balancear razonablemente las cuentas fiscales y afirmar una estabilidad económica y política sin precedentes en los últimos 65 años.

3) La incorporación de tecnología a nuestra producción ha sido espectacular. Ello obedece a una aptitud natural en nuestros hombres de empresa, en nuestros técnicos y en nuestros trabajadores. La erradicación de la fiebre aftosa y el fuerte crecimiento de nuestra producción granaria, encontrará cada día más y mejores mercados que en los tiempos precedentes. Lo mismo ocurrirá con las frutas y los jugos cítricos y un creciente número de productos agroindustriales e industriales, con una actividad petroquímica y minera en gran desarrollo.

4) La producción en general y la agropecuaria en particular, ha soportado históricamente gobiernos que, aun cuando enarbolaban las banderas de la libertad económica mantenían, sin embargo, engendros en donde perduraban los impuestos a las exportaciones, arbitrarias discriminaciones cambiarias y precios máximos.

Hoy los productores tienen la convicción de que la actual administración y cualquier otra que venga en el futuro no tiene ni podrá tener mentalidad "anti campo" y éste es un factor de aliento en la planificación de un programa de producción a largo plazo.

5) La sociedad argentina es la verdadera inspiradora de este proceso de modernización y comprende sin esfuerzo que el aislamiento y la autosuficiencia han sido mundialmente reemplazados por la globalización y la cooperación internacional. Estamos haciendo lo que recomendaba Ludwig Ehrard a los alemanes, ya concluida la segunda guerra mundial: "Abramos las puertas y las ventanas de toda Alemania para que entre aire fresco".

 

 

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