Buenos Aires, 26 de octubre 2007
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Discurso de incorporación del Dr. Felipe de la Balze

 

Señor Presidente de la Academia Nacional de Ciencias de la Empresa Dr. Eduardo de Zavalía Señores Académicos,
Señoras y Señores.

Cuando tuve la noticia de que los Señores Académicos habían votado por mi incorporación a esta honorable y prestigiosa institución, ignoraba que, además de ese gran honor que me dispensaron, me estaría reservado otro de igual significación: el de ocupar el sitial de “Mariano Fragueiro”.

Recién entonces supe que recaía sobre mí una doble responsabilidad. Por un lado, la de retribuir con mi desempeño a la confianza que se me ha dispensado, y, por el otro, honrar la figura ilustre cuya silla habría de ocupar. No pretendo realizar una semblanza completa de Mariano Fragueiro en unos pocos minutos. Su biografía es vasta y sus méritos relevantes.

Prefiero resumir en unas pocas palabras lo que fue su prolífica actuación pública. Fue un destacado representante de una generación y de un tiempo que le dio a la Argentina las bases para iniciar el periodo mas brillante de su historia. Nació en Córdoba en 1795 y murió en la misma ciudad en 1872. Se destacó principalmente como economista, como hombre de estado y, como propulsor de obras públicas.

En sus orígenes políticos fue unitario. Contribuyó con plata de su bolsillo a la expedición de los 33 Orientales encabezada por Llavalleja. Fue enviado personal del General Paz ante el gobierno de Juan Manuel de Rosas, corriendo no pocos peligros en su misión.

Fue elegido gobernador de Córdoba. Luego de renunciar se exilo en Chile: volvió al país después de Caseros. Durante su permanencia en Chile publicó varios libros. Los mas importantes fueron: Organización del Crédito, Fundamentos de un Proyecto de Banco y, Cuestiones Argentinas: verdaderos opúsculos de aquella época.

Su obra muestra fehacientemente que fue uno de los mayores expertos en materia económica y financiera de la época. Su obra lo muestra no solo como un gran conocedor de los principios fundamentales de la economía sino también como un hombre con un espíritu constructivo y práctico. Fue por esta combinación del conocimiento y sentido práctico que Justo José de Urquiza, vencedor de Caseros, y abocado de lleno al proyecto de forjar la unión nacional, lo nombra Ministro de Hacienda en 1853.

Luego fue Gobernador de Córdoba en 1858. Durante su gobernación creó la Academia de Práctica Forense, ordenó el registro de bienes raíces, creó la Administración de Correos de la provincia, reglamentó la venta de tierras fiscales y realizó importantes proyectos de obras públicas.

Fue candidato a Presidente de la Republica y en 1860 presidio la Convención que reformó la Constitución de 1853. Dr Carlos M. Tacchi El Doctor Carlos M. Tacchi fue mi predecesor en el sitial. Seguramente no aportaré nada nuevo en este ámbito pues la mayoría de los señores académicos lo conocieron personalmente y compartieron tareas con él.

Para beneficio del auditorio diré que el Dr Tacchi fue un economista especializado en temas fiscales y de administración tributaria.

En una larga carrera pública ocupó varios puestos claves entre ellos los de Subsecretario de Finanzas Públicas, Subsecretario de Política y Administración Tributaria y Secretario de Ingresos Públicos. Además ocupó lugares de primer nivel en diversas instituciones como la Caja Nacional de Ahorro y Seguro, la Comisión Permanente para la Prevención y Represión de Ilícitos de Exportación e Importación y la Comisión Redactora del Código Aduanero de 1981, y presidió varias delegaciones negociadoras ante organismos internacionales y gobiernos extranjeros.

En su distinguida trayectoria fue acumulando títulos y honores, siempre vinculados con su especialidad. En síntesis un gran especialista en temas tributarios y un distinguido y esforzado funcionario público. También quisiera expresar un profundo y sentido recuerdo por el académico Jorge Rivarola, que falleció hace muy poco, con el cual compartimos varios directorios en particular el de Acindar, hace justo 20 años. Por muchos motivos he dejado para último el expresar mi mas profundo agradecimiento a Julio Werthein que me ha hecho el honor como Académico y miembro de esta casa de aceptar presentarme.

Empresario, académico y hombre de la cultura con su proverbial caballerosidad acaba de hacer una presentación que compromete mi gratitud por los generosos conceptos que ha dicho a mi respecto y que sé, están inspirados en la amistad que compartimos. Pero mi agradecimiento va más allá de lo estrictamente personal. Julio Werthein tiene el peso de quien ha hecho mucho y durante muchos años por unir el mundo de la Empresa, con el mundo de la Academia y con el mundo de la Cultura. Muchas gracias Julio.

Me ceñiré en la presentación de hoy a esbozar los lineamientos de un Ensayo que la Academia publicará mas adelante sobre la oportunidad que la Argentina enfrenta ante el ascenso de China en el escenario mundial.

LAS OPORTUNIDADES QUE ENFRENTA LA ARGENTINA ANTE EL ASCENSO DE CHINA

La irrupción de China en el escenario mundial ha estremecido al mundo. Las consecuencias de su despegue económico, su exitosa inserción en la economía mundial y su nueva política exterior son motivo de intensos análisis y discusión.

En este trabajo nos proponemos evaluar las repercusiones políticas y económicas del ascenso de China y sus consecuencias para la Argentina. Históricamente las relaciones entre la Argentina y China han sido poco significativas en virtud a pertenecer física y culturalmente a regiones muy diferentes. Ambos países se encuentran en las antípodas geográficas, con pocos lazos históricos, económicos y culturales.

La Argentina y China restablecieron relaciones diplomáticas en febrero de 1972. Durante la mayor parte de las décadas de 1970 y de 1980 los intercambios políticos y comerciales no fueron demasiado fluidos. Ocasionalmente, cuando fracasaron sus cosechas, China se transformó en un importante importador de granos. A partir de mediados de la década de 1980 las relaciones se ampliaron abarcando no solo los campos políticos y comerciales sino también el cultural, científico y militar. Los dos países han colaborado en diferentes foros internacionales.

China apoya los reclamos de la Argentina sobre las Islas Malvinas y la Argentina ha aceptado la posición de Pekín respecto a Taiwán. Durante los últimos años en las negociaciones de la Ronda Doha de la Organización de Comercio Mundial (OMC) los dos países han acordado posiciones en el Grupo de los 20 -que promueve la reducción de los subsidios en el comercio agrícola-. La dimensión económica y comercial es la predominante en la relación entre los dos países.

Los flujos de comercio bilateral han crecido rápidamente durante los últimos diez años de aproximadamente US$ 900 millones en el año 1995 a US$ 1.900 millones en el 2000 y a US$ 5.400 millones el año pasado. El comercio bilateral es significativamente mas importante para la Argentina que para China (China es el cuarto destino exportador de nuestro país, mientras que la Argentina es el mercado número 24 para las exportaciones chinas). La apertura económica instrumentada en la Argentina a inicios de la década de 1990 generó un fuerte incremento en las importaciones desde China (principalmente en textiles, juguetes y calzado).

El saldo negativo en el comercio bilateral llevó a la Argentina -como a muchos otros países en el mundo- a limitar las importaciones chinas a través de medidas antidumping y de aranceles específicos. La grave crisis que sufrió la Argentina en los años 2001-2002 produjo una fuerte contracción en las importaciones de China. Con la recuperación de la economía argentina las importaciones volvieron a crecer a US$ 2.240 millones en el año 2005.

La Argentina exportó US$ 3.181 millones durante dicho año y tiene un superávit en la balanza comercial bilateral. Los hitos mas importantes de la relación son la firma de un “Convenio para la Promoción de Inversiones Recíprocas” en 1992 y, el “Memorando de Entendimiento” firmado durante la visita del presidente Hu Jintao a la Argentina en noviembre del año 2004. En dicho “Memorando de Entendimiento” China identificó un programa de inversiones a realizar en la Argentina durante la próxima década y la Argentina reconoció a China como “economía de mercado”, en el marco de las reglas de la OMC.

I. Las Repercusiones Económicas y Políticas del Ascenso de China Por muchos siglos China fue la potencia hegemónica en Asia.

Su posición geográfica central, su enorme población, la continuidad de un aparato estatal organizado -a pesar de los cambios dinásticos- , una lengua común y una cierta homogeneidad étnica y cultural le proveyeron los elementos necesarios para proyectar sus ambiciones de gran potencia hasta inicios del siglo XIX.

China sufrió un atraso considerable en su desarrollo económico y social a partir de inicios del siglo XIX: no pudo -mas bien no supo- incorporarse al pelotón de naciones que participaron del extraordinario proceso de modernización que los historiadores llamaron la “Revolución Industrial”.

El atraso económico y social la hizo vulnerable a las presiones extranjeras. El resultado fue una creciente inestabilidad política, recurrentes conflictos regionales, sucesivos desmembramientos territoriales y finalmente la invasión y ocupación por Japón durante la década de 1930.

La historia oficial china sostiene que la “nación” tuvo un glorioso pasado pero que fue “humillada” por el colonialismo europeo, japonés y estadounidense, a partir de la Guerra del Opio (1839-1842) hasta el establecimiento de la “Nueva China” (1949). El gobierno maoísta posterior (1949-1978) priorizó la revolución comunista permanente (“exportar la revolución”), la unidad territorial (reincorporar a Hong Kong, Macao y Taiwán e impedir la secesión del Tibet) y la independencia nacional (entendida como autarquía económica y capacidad nuclear autónoma) como los fundamentos de su estrategia internacional.

En el campo del desarrollo económico y social la angustiosa situación previa no fue remediada.
La gestión económica del régimen maoísta fue sumamente ineficaz tanto al nivel macroeconómico como al nivel microeconómico: el nivel de vida se estancó, las hambrunas mataron 40 millones de personas y China se aisló económica y políticamente del resto del mundo. Sin embargo debemos reconocerle al régimen maoísta el merito de haber restablecido la unidad territorial y el orden público -en un país profundamente corroído por el faccionalismo-, sin los cuales los avances mas recientes no habrían ocurrido.

Después de tres décadas de desvaríos, los herederos de Mao enterraron respetuosamente al maoísmo. A partir de 1979, Deng Xiaoping, líder máximo del Partido Comunista, impulsó un progresivo viraje en el sistema de organización económica y en la estrategia de inserción internacional.


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