Buenos Aires, 26 de octubre 2007
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Discurso de incorporación del Dr. Carlos Pedro Blaquier

 

Señor Presidente de la Academia Nacional de Ciencias de la Empresa
Alte. Ing. Oscar A. Quihillalt
Señor Académico Titular de la Academia Nacional de Ciencias de la Empresa y
Rector de la Universidad Argentina de la Empresa
Dr. César Marzagalli
Señores Académicos.
Señoras y señores.

Agradezco profundamente las palabras del Dr. Marzagalli sobre mi persona, que son mucho más el producto de su proverbial generosidad que de mis merecimientos.

Quiero también agradecer al Presidente de la Academia, Alte. Ing. Oscar Quihillalt y a los demás Académicos Titulares la honrosa distinción de haberme designado miembro titular de una institución tan prestigiosa como la Academia Nacional de Ciencias de la Empresa y el haberme asignado el sitial que lleva el nombre de ese gran empresario argentino que fue el Ing. Herminio Isidro Arrieta a cuyo lado tuve el privilegio de formarme durante dieciocho años.

Arrieta nació en la ciudad de Buenos Aires el 8 de agosto de 1900 y cursó estudios superiores en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires donde se recibió de ingeniero civil en 1922. Al año siguiente, aceptando un verdadero desafío para un joven porteño, se incorporó a Ledesma S.A. y se radicó en la Provincia de Jujuy. Fue sucesivamente Jefe de Fábrica, Administrador del Ingenio y miembro del Directorio, hasta que el 27 de junio de 1945 asumió la Presidencia de la Compañía, cargo que desempeñó hasta su fallecimiento el 31 de enero de 1970.

Arrieta fue fundamentalmente un formador de hombres. El imprimió su impronta en la formación de los ejecutivos de Ledesma, la que en apreciable medida continúa teniendo vigencia hasta nuestros días. Pero Arrieta no fue sólo un empresario de notables condiciones, sino un hombre profundamente comprometido con el Noroeste Argentino, preocupación que trascendía los límites de lo estrictamente económico. En 1929, siendo Administrador del Ingenio, trajo de Italia al Profesor Doctor Alessandri que había cobrado renombre saneando las lagunas pontinas cercanas a Roma. Recuérdese que en ese entonces el paludismo asolaba a nuestras provincias de Noroeste. Alessandri desarrolló un intenso trabajo, pero el problema subsistió porque el insecto vector argentino era distinto del italiano y su comportamiento muy diferente. Como el mal persistía, Arrieta impulsó la búsqueda de una nueva vía de solución y apoyó al Dr. Carlos Alberto Alvarado, notable investigador y verdadero sabio a quien tuve el privilegio de conocer en el ocaso de su vida, que culminó sus trabajos en 1940 con la erradicación del insecto vector argentino, el mosquito Anopheles Clavijer. Gran parte del trabajo del Dr. Alvarado se llevó a cabo en el Ingenio Ledesma donde Arrieta lo alojaba en su propia casa.

En ese entonces, y con la colaboración de la Fundación Rockefeller, Arrieta impulsó el primer rociado domiciliario con D.D.T. realizado en la República Argentina, una nueva arma de combate contra el insecto vector del paludismo que comenzó aplicándose en el Ingenio Ledesma.

Su preocupación por la salud lo llevó a construir y administrar un hospital de alta complejidad en el que funcionó la primer Sala de Quemados y de Terapia Intensiva del Noroeste Argentino.
Otra de sus grandes inquietudes fue la educación. Construyó diversas escuelas primarias que en un comienzo fueron administradas por Ledesma y que posteriormente se donaron a la Provincia de Jujuy. En los últimos años de su vida estaba tras la idea de crear una escuela técnica y una escuela primaria de alto nivel de formación para proveer a la escuela técnica de alumnos adecuadamente preparados. Por eso, uno de mis primeros actos como Presidente de la Compañía fue llevar adelante la construcción y puesta en marcha de la Escuela Técnica que lleva el nombre de Herminio Arrieta. Hoy cuenta con unos 750 alumnos y es administrada por la Fundación Ingenio Ledesma. Expide títulos oficiales en Mecánica, Electricidad, Química y Administración, y se diploman anualmente aproximadamente 120 alumnos. La Escuela Primaria lleva el nombre de José María Paz, un destacado empresario azucarero tucumano a quien me unía una entrañable amistad y que fue asesinado por la guerrilla en agosto de 1974.

Me he referido a estos aspectos de la vida de Arrieta porque todos conocemos cuál fue la magnitud de su obra empresaria: sentó las bases del Ledesma moderno que hoy nos toca a nosotros continuar y "aggiornar".

Milité en la vida empresaria a partir de 1952, apenas hube terminado mis estudios de abogacía a la edad de 23 años, y cinco años después me doctoré en derecho y ciencias sociales.

Tuve el privilegio de que dos destacadas personalidades influyeran decisivamente en mi formación: mi padre, el Ing. Carlos Miguel Félix Blaquier, y el Ing. Herminio Arrieta. Durante once años fui miembro del Consejo de Administración de la Universidad Católica Argentina, cuyo Rector era otra personalidad excepcional: Mons. Dr. Octavio Nicolás Derisi.

Mi único mérito consiste en haber sabido escuchar y poner en práctica las enseñanzas de esos seres superiores.

El acertado manejo de una empresa depende de una diversidad muy grande de factores: de ciertas disciplinas que se refieren directamente a la vida de la misma, como la administración y la organización, y de otras más generales, como la economía y las finanzas, todas ellas ligadas a la creación de valor.

La teoría del valor constituye un concepto central de la economía y ha sido objeto de profundos estudios por parte de los economistas clásicos, empezando por Adam Smith y siguiendo por los distintos pensadores que los sucedieron.

La creación de valor no es un proceso que se da en forma homogénea en las empresas sino de un modo particular de cada una. Las empresas se mueven tomando decisiones que afectan no sólo las condiciones presentes sino también las futuras. Por un lado se adaptan al medio en el que actúan y por el otro lo modifican. Se trata de un proceso muy complejo acerca del cual no existe todavía un acuerdo básico entre las distintas disciplinas que lo estudian.

A pesar de las diferencias entre los "evolucionistas" y los "institucionalistas" en la interpretación del modo en que las empresas operan el "cambio económico", las dos corrientes coinciden en sostener que es el empresario quien tomando decisiones en condiciones de riesgo e incertidumbre da forma a la empresa e influye decisivamente en la creación de valor.

Para Knight, destacado economista estadounidense de principios de siglo, en condiciones de incertidumbre ni siquiera es posible atribuir probabilidad a los eventos. La incertidumbre involucra una dosis de inseguridad mucho mayor que el riesgo; en ella juegan un papel decisivo los designios del azar. Y en nuestro país los múltiples cambios estructurales a que nos hemos visto sometidos desde hace varias décadas han dado mayor relevancia a los factores de incertidumbre que a los de riesgo.

 

 

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