Buenos Aires, 26 de octubre 2007
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Discurso de incorporación del Lic. Alejandro M. Estrada

 

Quiero agradecer a los distinguidos miembros de esta Academia, la designación con la cual he sido distinguido.
Es un honor pertenecer a la misma y ocupar el sitial de Juan Hipólito Vieytes.
Vieytes fue abogado, empresario, periodista y un gran activista de la Independencia. Una de esas extraordinarias personalidades de nuestra fundación como república. Unía a su espíritu emprendedor una clara vocación por la cosa pública.
La Independencia para él, estuvo basada en la necesidad de romper con el monopolio de la corona. No fue una rebelión nacida del resentimiento, sino de la preocupación por crear un espacio soberano de prosperidad para todos.
Participó del pensamiento Belgraniano, que sin romper con la estirpe española veía necesario cambiar el sistema económico tradicional fisiocrático y mercantilista.
Fue una revolución con fundamento económico. Como sobrevivir mejor, ese era el objetivo.
Debo decir algunas palabras de mi antecesor el Doctor Ovidio Giménez, quien también ocupó este sitial.
El Dr. Giménez perteneció al Instituto Belgraniano, sus escritos y conferencias giraron siempre alrededor del tema del crecimiento económico.
Fue el Dr. Giménez empresario y académico, perteneció no sólo a esta Academia, sino a la de Ciencias Económicas. Lamentablemente el espectro empresario actual tiene muy pocas personalidades como la del Dr. Giménez, lo cual favorecería notablemente la refundación de un sistema económico, que permita a la Argentina salir de su crisis estructural.
He titulado esta conferencia REFLEXIONES SOBRE LA CRISIS, porque se tratará precisamente de eso, de algunas reflexiones sobre sus causas, sin pretender que comprenda a todas.
Por otro lado es difícil encontrar causas únicas, la historia está compuesta por una serie de eventos vinculados unos con otros, no siendo fácil distinguir las relaciones causales entre ellos.
No me referiré a “esta crisis” ni a ninguna en especial ubicada en un momento preciso, sino a la decadencia estructural de la Argentina.
Es difícil indicar una fecha precisa en la cual se inicia esta decadencia, pero sí podemos decir que hasta la crisis del 30, la Argentina formaba parte del grupo de países Occidentales que más crecían.
A partir de los años posteriores a la segunda guerra es cuando esta decadencia se acelera y por lo tanto es más notable.
Primeramente descartaré algunas explicaciones sobre la crisis, que más contribuyen a perturbar el análisis que a clarificar los hechos.
La versión Maniquea
Es ésta probablemente la más popular. En síntesis esta versión sostiene que es la perversidad de algunos la que produce la pobreza y el estancamiento de la mayoría de los argentinos.
El gobierno es ocupado por los “malos” que por su perversidad impiden el crecimiento económico o se apropian de los frutos del trabajo de los demás.
La solución entonces es de carácter moral, el gobierno debe ser ocupado por los virtuosos y castigar a los perversos hasta su desaparición.
Nada de lo que sucede tiene que ver con el sistema o la organización económica, sino con las cualidades morales de quienes ocupan el poder.
Este análisis es probablemente el más popular y por cierto el más peligroso.
La versión fatalista
Esta es tal vez la más determinista. Los argentinos no somos alemanes ni japoneses. No tenemos por origen histórico la cultura para poder crecer.
No existirían las aptitudes, nuestra cultura impediría el funcionamiento de cualquier sistema que haya tenido éxito en el mundo.
La versión conspirativa
Hay finalmente otra versión pero cada día menos popular según la cual algunos países, los más ricos, desearían el atraso económico argentino; para de esa manera dominarnos y apropiarse de nuestras riquezas
Debido a la calidad del auditorio, no creo que valga la pena perder mucho tiempo en refutar estos pensamientos convencionales.
Solamente haré los siguientes comentarios:
Cómo se explica que países que eran substancialmente más pobres que la Argentina, de los cuales somos gran parte de los argentinos sus descendientes: España, Italia, etc. hayan creado las condiciones de atraer la inmigración en lugar de provocar como en el siglo pasado la emigración.
Cómo se explica que culturas muy similares a la nuestra como la chilena, la española, la irlandesa hayan accedido a un fuerte crecimiento económico, mientras la Argentina continúa vegetando en la decadencia.
Finalmente cómo se explica que los países asiáticos, en sólo 30 años hayan cambiado totalmente su organización económica, saliendo de culturas mucho más rígidas que la que puede tener la Argentina.
La sociedad civil no el gobierno
Es la sociedad civil la que crea el Estado y no al revés. Es la convención entre individuos la que crea el Estado y las leyes que de él se derivan.
El pensamiento mágico quiere colocar las causas de la crisis estructural en las personas que transitoriamente ocupan el poder político. Pero éstas se legalizan por el consenso que les da la sociedad civil.
No son los políticos los confundidos y la sociedad civil la que tiene la interpretación correcta de la crisis. No son los miembros de la sociedad civil los inocentes del drama.
Por el contrario la suma de errores intelectuales son originados en la sociedad civil y el Estado es el administrador de esa confusión.
Las organizaciones corporativas forman parte del poder civil, más aún son las que originan las ideas que luego el Estado transforma en realidad. Los grupos empresarios, las organizaciones sindicales, la Iglesia, los profesionales, etc. no son las inocentes víctimas de la decadencia, sino parte principal de su autoría.
Los políticos en la democracia mediática moderna son buscadores de poder y raramente creadores de nuevas ideas. Recogen el convencionalismo más atrayente y lo venden a los fines de detentar el poder. Hay excepciones, pero son precisamente los partidos políticos sin poder real.
La democracia, como cualquier otro sistema de acceso al poder, no garantiza el éxito en resolver la crisis estructural. La democracia es el método más civilizado para sacar gobiernos (K. Popper), y esto es substancial, pero para nada causa necesaria y suficiente de la prosperidad.
Resumiendo, debemos descartar varias de las explicaciones políticas de la crisis, aún la del estado malicioso, ya que la estructura del poder político no es maliciosa en sí misma sino las ideas que ese poder pone en marcha. Y esas ideas son las de la sociedad civil.
Muy lejos que la decadencia de los países se deba a malos esqueletos estatales, y del organigrama en el que se sostiene. El problema son los contenidos que se deben administrar.
La sociedad civil es la que pone y echa a los gobiernos, es la que exige determinadas reglas. Esto lo hace en forma directa en las elecciones e indirecta todos los días por medio de sus voceros: periodismo, organizaciones corporativas, Iglesia, etc.
La gran confusión
La Argentina viene de ser una Nación rica. Un país de inmigración, tal como los EE.UU., Canadá, Australia, etc. Los nuevos territorios integrados a la economía global, dieron lugar a una inmensa prosperidad. Inmigrantes, muchos de ellos analfabetos, vieron a sus hijos o nietos, perteneciendo a la mejor burguesía (obispos, militares, profesionales, jueces, políticos, etc.) en sólo una o dos generaciones.
Esta realidad generó una de las creencias culturales de mayor peso. La prosperidad en la Argentina era lo normal. Si esa prosperidad se detenía eso sería sólo momentáneamente por
una crisis internacional, o porque el poder político también transitoriamente lo estaban ocupando malos administradores (ineficientes o perversos). “Un país tan rico ......”
La creencia en la “riqueza dada,”se origina en el gran salto que dio la Argentina en el aprovechamiento de sus recursos naturales. Fue una explosión económica que duró hasta la crisis del 30 y luego de superada la crisis hasta la posguerra.
No hace falta describir lo que esa prosperidad produjo, no sólo en cantidad sino en calidad. Desde la enseñanza gratuita en todos sus niveles, hasta la infraestructura de transporte, puertos, etc., sistema bancario, de seguros, previsión y capitalización social, construcción civil, etc.
Un aspecto muy destacado de aquellos años de prosperidad, fue la tasa de ahorro y el desarrollo del sistema financiero. La monetización llegó a ser en la década del 20 cerca del 50% del PBI.
Una economía integrada al mundo abierta a los flujos comerciales y de capital, era el resultado de un consenso de la sociedad civil sobre la conveniencia de dicha organización económica.
Los partidos políticos, conservadores, radicales y socialistas compartían el concepto de economía abierta y de mercado. El socialismo de aquella época fue un enemigo manifiesto del proteccionismo. Lo consideraba un privilegio para pocos en desmedro del conjunto.
La cultura de la prosperidad
Todo este bienestar y crecimiento no sólo económico sino cultural, fue logrado en pocas décadas pero el progreso ininterrumpido de la Argentina, se chocaría con la crisis del 29.
Esta crisis, inesperada para la mayoría de empresarios, ahorristas y consumidores, inauguró en la Argentina el “intervensionismo”, fundamentado para evitar los riesgos de las fluctuaciones de los mercados.
No se discutían los derechos de propiedad sino el concepto de un ESTADO estabilizador. La regulación para evitar los riesgos de las volatilidades de los mercados. Este fue el comienzo de una nueva era de concepción del rol del Estado en la economía, no sólo en la Argentina sino en el mundo.
No se percibió en aquellos años, ni aún después de la segunda guerra, la evolución que tendría la tecnología y la economía y como afectaría a los países que se proponían aislarse del mundo para evitar los riesgos de la competencia y de las fluctuaciones de los precios internacionales.
Todo el andamiaje de las regulaciones partía del concepto de la autarquía económica, como la vía para el crecimiento.
Esta concepción no vio los cambios que ocurrirían en forma irreversible en la segunda parte del siglo XX.
Ya no sería más la riqueza del sector agropecuario, la fuente de prosperidad de toda una nación. La ciencia transformó en realidad el aumento substancial de la productividad en la generación de alimentos, básicamente las proteínas. La cadena de producción desde la agricultura hasta la góndola de los supermercados, dio un salto tecnológico tal, que la producción agrícola de zona templada terminó siendo subsidiada en los EE.UU., Canadá y aún parcialmente en Australia. Precisamente en los nuevos territorios de que hablamos al principio.

 

 

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