Buenos Aires, 26 de octubre 2007
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Discurso de incorporación del Dr. Héctor Masoero

 

Señor Presidente de la Academia Nacional de Ciencias de la Empresa, Dr. Eduardo de Zavalía
Señores Académicos Titulares,
Señores Empresarios,
Amigos, amigas.
Buenas tardes a todos
En primer lugar deseo resaltar mi agradecimiento a la Academia Nacional de Ciencias de la Empresa y a sus Miembros de Número por la distinción que me hacen al haberme elegido para ocupar uno de sus prestigiosos sitiales.
Cuando me comunicó Eduardo de Zavalía mi nombramiento en la ANCE, lo primero que pensé, al estilo Mauricio, fue: “va a estar buena la Academia”...
Pero dos segundos más tarde, apremiado por la intriga, fui corriendo al mataburros y busqué…
¿Qué es una Academia? Según el diccionario es una sociedad científica, literaria o artística establecida con autoridad pública.
El término proviene del griego Akademos, vocablo conformado por dos palabras:

  • hekás, que significa lejano, distante.
  • y demos, que significa pueblo.

Según la bella leyenda griega, Akademos fue el héroe ateniense que reveló a Cástor y Pólux el lugar donde estaba escondida Helena, quien había sido secuestrada por Teseo. (No sé con qué intenciones….para con ella).
En recompensa, Cástor y Pólux le regalaron a Akademos una mansión en las afueras de Atenas.
A su muerte, Akademos legó la mansión a la ciudad y en ella se creó un jardín público conocido como los “jardines de Akademos”.
Tiempo más tarde, Platón y sus discípulos instalarían allí la célebre Akadémeia.
Ahí, distantes del pueblo, en las afueras, pensarían con calma y distanciamiento los problemas y dilemas que les planteaba su propia sociedad.
Este mismo nombre fue recuperado por Carlomagno en el siglo VII, quien formó en su corte un grupo de eruditos al que llamó Academia.
La denominación de Academia fue adoptada por grupos de universitarios, científicos e investigadores. Cobró auge especialmente a partir del Renacimiento, primero en las cortes italianas y luego en otros lugares de Europa.
Surgida de la iniciativa privada, la Academia Nacional de Ciencias de la Empresa continúa con esta rica tradición histórica de reunir en una sociedad a referentes de un mismo campo de estudio y ejercicio profesional.
De esta misma tradición, nace en 1994 como Academia Argentina de Ciencias de la Empresa y es reconocida en 1998 como Academia Nacional.
En sus 13 años de vida ANCE ha demostrado un firme y fructífero compromiso con la promoción del pensamiento independiente y la búsqueda de soluciones para el país:

  • alentando la investigación,
  • premiando a las publicaciones locales de mayor aporte en el campo de las ciencias de la empresa,
  • estimulando productivos debates académicos,
  • y estableciendo enriquecedoras alianzas con instituciones educativas.

Esta relevante Corporación que hoy me convoca a formar parte de sus miembros, también exige de mí asumir responsabilidades.
La acción del académico de la empresa se orienta estimular la elaboración de nuevos criterios, nuevas maneras de resolver los problemas y encarar los desafíos que hoy enfrenta la libre empresa en la Argentina y en el mundo.
A este reto me estoy sumando, más que por mis méritos, por la generosidad de quienes conforman la Academia Nacional de Ciencias de la Empresa.
A este desafío ligo hoy mi espíritu de trabajo, lucha y sacrificio.
Hacia él dirijo mi pasión y mi persona, desde los espacios en los que cotidianamente me desempeño como profesional, directivo de empresa y principalmente formador de jóvenes profesionales.
A partir del ejemplo de quienes ya forman parte de esta Academia, acepto estos compromisos y tomo la misión que hoy se me asigna.
Todo mi esfuerzo y trabajo no serán más que un limitado aporte que se sumará al gran legado de quienes me precedieron en el sitial Agostino Rocca Sr., Sitial erigido en memoria del recordado fundador de una de las organizaciones empresariales más relevantes de nuestro país. A quien tuve la oportunidad de conocer hace 32 años, cuando recién había ingresado a la Organización Techint.
Antes de proseguir no puedo menos que tributar memoria a mis insignes predecesores en este sitial. En primera instancia, Roberto Rocca, hijo de aquel cuyo nombre lleva este Sitial, quien fuera uno de los principales empresarios siderúrgicos del mundo. Con el cual tuve la oportunidad de compartir apasionadas reuniones de trabajo.
Más tarde Agostino Rocca Jr., hijo de Roberto y nieto del fundador de la empresa, un hombre de management superior, un verdadero maestro y, fundamentalmente, un jefe y un hombre cabal. Su visión empresaria y su capacidad permitieron al grupo alcanzar el prestigio internacional del que hoy goza.
Por último, este sitial también fue ocupado por Arnaldo Musich, uno de los mejores embajadores y expertos en finanzas que hayamos tenido en la Argentina.
De todos ellos quiero resaltar sus nobles valores e ideales, su compromiso con su circunstancia y con su tiempo, su integridad y honestidad, la originalidad de su pensamiento y su modo de abordar los problemas, su abnegación por el trabajo y los magníficos resultados que cada uno de ellos supo cosechar.
No es casual que los tres hayan sido reconocidos líderes y se hayan caracterizado por encarnar una filosofía de vida centrada en la acción y la pasión.
Todos han dejado huella, una huella perdurable en el tiempo y la memoria. Si hay algo que se destaca especialmente entre lo mucho que he aprendido de ellos, es que la única forma de conseguir resultados superlativos es mediante el trabajo colegiado, con colaboradores capaces y motivados, leales, perseverantes y comprometidos, dispuestos a asumir responsabilidades y ejercer la iniciativa; que hacen suyo el estandarte compartido de los objetivos comunes y lo llevan a la cima de las metas propuestas.
Con estos ejemplos y con mayor conciencia de mis limitaciones que talentos, llevaré a cabo esta misión de manera llana y decidida en el actuar, con una voluntad perseverante y fiel a la riqueza de quien puede aprender de sus propios errores.
Ser académico supone analizar las circunstancias mediante un proceso de distanciamiento, con independencia de criterio, para poder observar el contexto con altura.
Es clave poder discernir lo verdadero, aquello que es bueno en el ámbito de la empresa, a fin de promoverlo y potenciarlo en pos del bien de la organización. El énfasis en la acción y la cultura de trabajo serán una herramienta vital para cumplir con esta misión; serán la forma más importante de compartir estos valores y motivaciones con colegas, colaboradores, estudiantes y amigos.
Particularmente oportuna para cumplir dicha  misión es mi tarea en el marco de la educación superior. Mi rol como miembro de número de la Academia Nacional de Ciencias de la Empresa se expresará con especial firmeza en la función de Presidente del Consejo de Administración de UADE, que desde el año 2000 tengo la responsabilidad de ejercer.
Como señalara tiempo atrás José Ortega y Gasset, la Universidad tiene tres funciones principales: la enseñanza de las profesiones, la investigación científica y la transmisión de la cultura.
Pero Ortega y Gasset resaltó especialmente esta última función, porque en ella se apoya la capacidad de la Universidad de formar a sus estudiantes en la competencia de dirigir, “de mandar” (según sus propias palabras).
La Universidad no puede perder de vista que su principal función es la de formar a los líderes del futuro, a los dirigentes del mañana.
Y son misiones del líder de empresa, educar con el ejemplo de su esfuerzo, perseverancia, tomar la iniciativa empresarial y  promover una cultura de la organización que constituya su capital institucional: una cultura que promueva el crecimiento y la eficiencia de la organización, en un marco de valoración y promoción de quienes la integran.
Y también es misión del dirigente la de afrontar nuevos desafíos, estimular la actitud empresarial y ser el motor del desarrollo.
Desde esta perspectiva, formar futuros líderes implica:

  • Orientar el espíritu emprendedor de nuestros jóvenes hacia los negocios locales y también los globalizados, ayudándolos a generar empresas sostenibles en el tiempo.
  • Recuperar la experiencia de los protagonistas del mundo de los negocios y transmitirla en las aulas. La dirección está tan cerca del arte como de la ciencia: la transmisión de la experiencia es vital. Tenemos que comprometernos con la formación de nuestros jóvenes, a fin de que puedan aprender de nuestros aciertos y de nuestros errores.
  • Transmitir con coherencia los valores de la libre empresa a las nuevas generaciones, promoviendo la iniciativa y la competitividad en todo contexto. Estamos convencidos que el mejor camino para el desarrollo sustentable supone generar una economía de mercado verdadera, que garantice la libre competencia y la iniciativa privada en el marco de un contexto democrático.

Nuestros jóvenes tienen que ver el mundo como una oportunidad y tienen que forjar el carácter y el coraje necesario para, a través del trabajo esforzado e inteligente, convertir esas oportunidades en realidades.
En la actualidad vivimos en una sociedad del conocimiento, hecho que ya a fines del ´60 mencionara por primera vez Peter Drucker.
Ese carácter, pone aún más de relieve la importancia de la Universidad en el desarrollo de las naciones y, particularmente, en la formación de sus líderes. El conocimiento pasa a ser el eje de la nueva economía y de la nueva sociedad, dado que de él y de sus efectos multiplicadores depende la producción de la riqueza.

 

 

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