Buenos Aires, 26 de octubre 2007
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Discurso de incorporación del Ing. Alberto Pedro Paz

 

Ante lodo quiero agradecer la presencia de todos los presentes.

Señor Presidente de la Academia Argentina de Ciencias de la Empresa.

Señores Académicos. Señoras. Señores.

Agradezco profundamente las palabras de presentación del Dr. Eduardo de Zavalía y en especial la nominación del Dr. Fernando Menéndez Behety para ocupar el sitial que lleva el nombre José Menéndez.

El alto honor que me fue conferido para ocupar este sitial es la mayor distinción que se le pueda dar a una persona que desarrolla su actividad en la Patagonia.

También quiero agradecer la presencia de familiares, colaboradores y amigos que me acompañan en tan grata ocasión,

Ahora, para no demorarlos mucho, pasemos al terna que hoy nos ocupa, que es “El efecto de los dirigismos en la producción ovina”.

En los países adelantados, la tendencia del desarrollo es una pendiente positiva constante a lo largo del tiempo En el nuestro el ritmo de crecimiento fue alterado por los dirigismos, por lo tanto trataremos de analizar el problema en tres etapas.
Primero la inversión y el desarrollo Segundo el efecto de los dirigismos y por último, las posibilidades futuras.

Inversión y desarrollo

Desarrollaremos ahora el primero de los puntos,

A partir de la invitación a la apertura, del Preámbulo de nuestra Constitución, comenzó la corriente inmigratoria que inició la construcción de nuestro país, con el aporte de aquellos hombres de buena voluntad que querían poblar el suelo nacional. Es irremediable recurrir a las estadísticas que señalan que entre 1846 y 1924 cinco millones de europeos se radicaron en el Brasil y la Argentina. De la conjunción de esa marea humana con nuestros hombres, surgió la inefable generación del 80, en la que se destacaron tantos que pusieron cimiento a nuestro desarrollo y que hicieron de la inversión, y por qué no de la imaginación, las herramientas para lograrlo. Entre ellos don José Menéndez, quien radicándose en tierras patagónicas, tan alejadas que aun hoy, para el corriente de las personas, son impensables para la ejecución de proyectos, consolidó a fuerza de tesón, inteligencia y bravura, un emprendimiento económico y un polo de desarrollo social cuyos efectos perduran actualmente. Cinco generaciones de la familia Menéndez, así como también muchos de nosotros, recibimos el aporte que él hizo a la sociedad.

Su obra comienza en 1874 en Punta Arenas, República de Chile, donde funda uno de los establecimientos agropecuarios que mayor influencia han tenido en la raza Corriedale en Sudamérica: me estoy refiriendo a la Estancia “San Gregorio”. Eran épocas con serias dificultades para comercializar carne, debido a las deficiencias de frío. A don José, como se lo llamaba cariñosamente, esta situación no lo asustó y creó, en el mismo “San Gregorio”, un importante saladero de carnes.

La comunicación era uno de los mayores problemas de la época. Su visión empresaria lo llevó a fundar dos flotas de barcos que, transportando pasajeros y carga, unían el Atlántico con el Pacífico haciendo el recorrido: Buenos Aires - Punta Arenas - Valparaíso.

En Tierra del Fuego, Argentina, fundó las estancias “José Menéndez” en 1896; un año más tarde “María Behety” y luego “Cabo San Pablo”. En conjunto sumaban aproximadamente 330 mil hectáreas con una dotación de hacienda lanar cercana a las 260 mil cabezas. Si se piensa que gran parte de la misma provino de las islas Malvinas, se puede tener una idea clara del poder de decisión de este gran empresario, dado el riesgo económico que significaba trasladar esa hacienda en los barcos de la época y con un Atlántico Sur tan difícil de navegar. “María Behety” por sí sola es el más alto exponente de la raza Corriedale en la Argentina.

Ganadora de 16 grandes campeones en la Exposición Rural de Palermo. Cabaña madre de los principales planteles del país y de gran influencia en toda Sudamérica. Es reconocida hoy en el mundo entre las más importantes de la raza. También en Río Grande, Tierra del Fuego, fundó en 1917 un frigorífico para faenar ovinos, permitiendo, a los productores fueguinos, exportar sus carnes a todo el mundo. Es de hacer notar que hasta el período de la industrialización de Tierra del Fuego en la década de 1970 a 1980 fue esta la principal fuente de trabajo para el entonces Territorio Nacional.
En la faz comercial fundó, junto con la familia Braun, la Sociedad Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia, más conocida, en toda la región, como “La Anónima”. Este emprendimiento representa, en la actualidad, una cadena de supermercados que se encuentran localizados en las principales ciudades patagónicas. En su origen fue mucho más que eso. Proveía abastecimiento de víveres, vestimenta, agencia de automóviles, combustibles, insumos rurales, maquinaria agrícola y hasta financiaba a los productores, a lo largo del año, con cuentas corrientes que saldaban a la venta de sus lanas.

Finalmente su calidad de visionario se manifestó en diversos ámbitos, ya que las recomendaciones a sus administradores sobre cómo manejar los campos para no sobrepastorearlos tienen hoy absoluta vigencia técnica.

Fue una época de expansión para nuestro país y el gran ejemplo para las generaciones que lo sucedieron. Lamentablemente parte de esos esfuerzos fueron neutralizados por medidas políticas arbitrarias.

La ovinocultura alcanzó lugares de preponderancia económica para nuestro país. En la década de 1940 a 1950 la producción de lana fue el tercer rubro en importancia dentro de nuestras exportaciones agropecuarias. Nivel insospechado para los conquistadores españoles que trajeron los primeros ovinos de raza Churra. De estas ovejas derivaron nuestros lanares criollos, animales enjutos de muy baja producción tanto de lana como de carne. Esto ocurrió y así se mantuvo en esos niveles hasta que empresarios de la magnitud de José Menéndez, evaluando la potencialidad de la producción ovina, importaron razas bien desarrolladas y eficientes.

En la Patagonia los asentamientos ganaderos cumplieron dos roles fundamentales:
- Fueron polo de desarrollo económico alrededor de los cuales se formaron poblaciones.

- La presencia de los ganaderos en la región tuvo y tiene hoy una gran importancia geopolítica.
En lo referente a estos roles, no debemos olvidar que la Patagonia argentina cubre aproximadamente el 20 % del territorio nacional y es la principal abastecedora de gas y petróleo para el resto del país. La región además posee un alto potencial minero, rubro casi inexplotado que debido a las privatizaciones va adquiriendo la importancia que potencialmente siempre tuvo. Lo hasta aquí enunciado ejemplifica el rimo de desarrollo.

Los dirigismos

Veamos ahora el efecto de los dirigismos.

Decíamos anteriormente que en la década del 40 al 50 las exportaciones de productos ovinos habían alcanzado el tercer rubro, en importancia, dentro de nuestras exportaciones agropecuarias. Debemos recordar que, en esos momentos, nuestro país era principalmente un exportador de productos agropecuarios.

Se comete en ese entonces un grave error político-económico, al pretender ser autosuficientes e independientes del resto del mundo, olvidando que el hombre es un ser social por naturaleza.
Esta pretendida independencia no fue tal. En Europa y Estados Unidos, nuestros mayores clientes, ya existía la noción de interdependencia, concepto que aquí se ignoró, llevándonos a situaciones de aislamiento económico que gravitaron seriamente en el sector interno. Se prohibieron ciertas importaciones y las que estaban permitidas fueron gravadas en tal magnitud que era casi imposible realizarlas.

Todo esto desde el punto de vista de una pretendida protección a lo nacional cuyo efecto fue el serio atraso tecnológico de nuestra industria. En cuanto a las exportaciones, sucedió otro tanto. En lugar de incentivarlas, para lograr un mayor ingreso de divisas al país, fueron desalentadas mediante gravámenes.

En el sector ovino esta situación se mantuvo durante 40 años. Entre diferencias de cambio y gravámenes, las exportaciones fueron castigadas aproximadamente con un 42 % promedio sobre el valor bruto del producto. El resultado de estas medidas dirigistas trajo aparejado aquello que todos podían esperar: se pasó de casi cincuenta y seis millones de cabezas en 1947 a veintidós millones en 1988, es decir, una pérdida del 61 % de las existencias del país. Durante el período en cuestión, en aquellas regiones donde existían alternativas de producción, se abandonó la explotación de lanares. Pero en la Patagonia, zona de monocultura ovina, el efecto fue inverso. El productor se vio obligado a aumentar la carga animal dado que, con el stock de hacienda que contaba, su explotación no era rentable. Como resultado hoy, lamentablemente, algunas áreas padecen serios problemas de desertificación. Existen muchos establecimientos abandonados y las industrias relacionadas están en proceso de desaparición.

 

 

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