Buenos Aires, 26 de octubre 2007
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Discurso de incorporación del Dr. José Pena

 

Señor Presidente de la Academia Nacional de Ciencias de la Empresa
Señor Rector de la Universidad Argentina de la Empresa
Señor Rector de la Universidad de Morón
Señor Presidente de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.

Las palabras del Dr. Eduardo Roca son conceptos excesivos para mi personalidad pero proceden de una persona que ha sido Embajador en Washintong, Embajador en la OEA, Embajador en las Naciones Unidas, representando a la Argentina en forma brillante.

Quiero manifestar esos conceptuosos halagos, que no merezco, pero que exceden los límites de lo formal de lo amistoso.

Inmediatamente voy a referirme al sitial, el cual tengo el alto honor de ocupar: me refiero al sitial Alejandro Bunge.

El Ing. Alejandro Bunge, fue un paradigmático investigador de la realidad argentina. Profesor y eminente escritor. Basta referirnos a los 4 tomos de la Economía Argentina.

Nació en Buenos Aires el 8 de enero de 1880.

Estudió ingeniería electrotécnica en Sajonia, Alemania, pero se consagró a los estudios sociológicos, a la economía política, a las finanzas y a la estadística.

Obtuvo cátedras en sus disciplinas científicas en las Facultades de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires y en la de Derecho de la Universidad de la Plata.

Fue durante varios años Director General de Estadística de la Nación, Director del Banco de la Nación Argentina, Secretario de Obras Públicas y de Hacienda de Santa Fe.

Asistió como delegado a varias conferencias internacionales sobre temas de su especialidad, y al Congreso Científico Americano de Washington, en 1940. Presidió la Academia Nacional de Ciencias Económicas, la Academia Literaria del Plata, la Junta Central de los Círculos Católicos de Obreros y varias entidades financieras y comerciales; también era miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas.

En 1918 fundó la Revista de Economía Argentina, que dirigió hasta los días de su muerte. Entre sus libros merecen especial mención: "Problemas del trabajo, riqueza y renta de la Argentina" (1916); "Ferrocarriles argentinos" (1918); "Problemas económicos del presente" (1912); "Industrias del norte" (1922); "Equilibrio financiero: El estado industrial y comerciante" (1932); "La economía argentina", ya citada en cuatro volúmenes.

El resumen más completo de sus estudios e investigaciones lo constituye el libro "Una nueva Argentina". Expone en él la inactualidad de los datos e informaciones de acuerdo con los cuales se gobierna. Se trata de un vasto programa razonado de acción pública a favor de la edificación de una nueva Argentina, rico en sugerencias, en índices estadísticos, en información indispensable para el que quiera conocer la realidad nacional y sus posibles desenlaces en aquellos momentos.

A continuación voy a referirme al fundador de la Academia Nacional de Ciencias de la Empresa, Dr. César Marzagalli, quien fuera mi antecesor en el sitial que me honro en ocupar.

Fue un hombre de excepcionales dimensiones como realizador.

Tenía un exterior, a veces áspero, con el que trataba de disimular un corazón de gran sensibilidad y religiosidad; era un hombre de fe que concretaba sus sentimientos.

Fue Canciller de la Soberana Orden y Militar de Malta y como Rector de UADE amó a la Institución en forma entrañable.

Gozaba de gran prestigio en el país y en el exterior por su visión de las realidades financieras.
Recibió numerosas distinciones nacionales e internacionales por su actividad empresaria y docente, entre ellas la Cruz de Comendador de la Orden al Mérito Melitense, de la Soberana y Militar Orden de Malta.

Como Profesor de la Universidad del Salvador se distinguió, no solo por su eficaz función docente, sino por sus investigaciones realizadas en su carácter de Director del Instituto de Asuntos Económicos y Financieros.

Paso ahora a mi exposición como nuevo Académico Titular de la Academia Nacional de Ciencias de la Empresa, en la que habré de referirme a un tema que está en las fronteras de la aplicación del conocimiento, como es la Teoría del Caos, a fin de tratar de promover el interés en realizar investigaciones en este campo, ya sea por los Miembros de la Academia como de la UADE que muestren vocación en profundizarlo.

Decisiones empresariales en tiempos turbulentos

Mis pretensiones son transmitirles un mensaje de optimismo a partir de que, los comportamientos en las Empresas, han dejando de ser lineales.

Los empresarios deben ser realistas, quiere decir, percibir la realidad.

El crecimiento continuo fue patrimonio de la era industrial. Hoy las empresas viven en un mundo no lineal, en el que deben, para desarrollarse, actuar con innovación y creatividad como única opción para acercarse a la realidad del mercado.

Alfred North Whitehead, matemático y filósofo sostuvo: "no es culpa mía el que la naturaleza sea tetradimensional".

Hert Bohor, sostenía que las grandes innovaciones, cuando aparecen, resultan confusas y extrañas. No son entendidas por sus descubridores y quedan como un misterio para el resto de los hombres. He tomado este pensamiento porque expresa mis profundas convicciones, generadas en mi propia experiencia.

Pero como los dirigentes de empresas, deben hoy resolver sus problemas en tiempo real, sin demoras para afrontar la hipercompetitividad, me ha parecido oportuno seguir estos nuevos enfoques aplicados, entre otros organismos,  en el Bankers Trust en MIT, el City Bank y la Naval Research Surface Warfare en el Santa Fe Institute en Nueva Méjico, en el estudio de series de precios de activos financieros y en EE.UU. en la que una profesional argentina está investigando el comportamiento del caos en una Compañía de Seguros.

La programación lineal, tan aplicada a nuestras actividades agropecuarias, los modelos de simulación y las investigaciones de mercado llevan más de 30 años de utilización.

Pero si estos modelos no resuelven acabadamente los fenómenos de anticipación, no por esta razón debemos prescindir de ellos en la Administración de Empresas.

Nuestro propósito en la Introducción a la Teoría del Caos, es aceptar el desafío de indagar en la aplicación en nuevos campos del conocimiento.

Según las leyes de la naturaleza, las formas (cuerpos materiales) y los fenómenos con que se manifiestan no son regulares ni se repiten de manera idéntica, solo se asemejan. Durante siglos el pensamiento de los filósofos y científicos han considerado el caos como el enemigo a combatir.
Cada nueva regla de la naturaleza hacia retroceder el caos, toda regla moral atacaba al caos, incluso hoy, la legislación procura ahuyentar el caos.

La concepción actual del caos es que se trata de una disciplina científica dedicada a comprender la complejidad del mundo, sus procesos creativos e innovadores. La ciencia ha cambiado sus esquemas conceptuales.

Antes, la física solo manejaba las leyes deterministas que ignoraban totalmente el azar o contingencia.

Luego pactó con el azar, incluso consiguió volver a dominarlo con ecuaciones lineales tan deterministas como antes.

Pero hoy el pacto ha ido mucho más lejos.

Las ecuaciones del la Teoría del Caos siguen siendo deterministas.

Sin embargo el salto consiste en que, sencillamente en la actualidad se reconoce el derecho de la naturaleza a su cuota de contingencia.

En las situaciones y procesos caóticos, el azar, las fluctuaciones, esa mínima ración de contingencia pueden arrastrar a un sistema hacia estados totalmente imprevisibles y ser justamente ellos los que se erigen en protagonistas y deciden el futuro.

Muchas esperanzas del pensamiento humano dependen hoy del caos.

Lo que empezó como una curiosidad matemática de la no linealidad, que luego recogieron los físicos, preocupados por la termodinámica de los sistemas de no equilibrio, se ha generalizado hoy a cualquier ámbito de la creatividad y la innovación, desde la física del aire, hasta las finanzas y al propio arte.

En los últimos años han emergido muchas teorías con la ilusión de comprender la complejidad del mundo.

Ninguna ha llegado tan lejos como la del caos.

La concepción de que una mínima variación de las condiciones iniciales pueda decidir drásticamente el futuro del sistema seduce a los observadores y pensadores.

Los procesos que implican azar o irreversibilidad eran vistos como excepciones (curvas patológicas).
Hoy en cambio los modelos propuestos por la física clásica corresponden a situaciones que se pueden crear artificialmente.

Mi mayor convicción es que la Naturaleza no anda a los saltos, sostuvo el filósofo alemán Leibniz (1646/1716).

Pero, el fin de las certidumbres, es el fundamento de Ilza Prigogine, que propone como alternativa al pensamiento determinista.

Lo natural contiene elementos esenciales de azar e irreversibilidad.

 

 

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