Buenos Aires, 26 de octubre 2007
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Discurso de incorporación del Dr. Daniel Funes de Rioja

 

Señor Presidente de la Academia Nacional de Ciencias de la Empresa Dr. Eduardo de Zavalía Señores Académicos Señoras y Señores Es para mi un alto honor ser distinguido con la incorporación a esta prestigiosa Academia y lo digo con la profunda convicción de quien piensa que en la Argentina de hoy, no sólo es importante el qué y el dónde sino también con quién.

En tal sentido, me enorgullece pertenecer a una Institución que representa los valores de la investigación científica aplicada al desarrollo empresario en el marco del bien común y para el trascendente desenvolvimiento de sus relaciones con la sociedad, nucleando a quienes se han destacado en las ciencias empresarias y gozan de una intachable conducta moral y cívica.

Los nombres que hoy hacen realidad esta Corporación, demuestran acabadamente el cumplimiento de su mandato y por ello quiero resaltar el doble desafío que implica ser miembro de este cuerpo: cumplir las condiciones que hacen a tal postulación y ser digno representante de un núcleo calificado de referentes de la comunidad. Conocimiento científico, valores personales y cívicos, así como trayectoria empresaria, definen a esta Academia como un verdadero paradigma. Agradezco, pues, profundamente a quienes propiciaron mi incorporación y –en especial- al Dr. Carlos Pedro Blaquier, figura señera del empresariado, de la cultura y las ciencias empresariales de nuestro país, por hacer esta generosa presentación de mi persona. Para todos ellos, el testimonio de mi reconocimiento.

EL SITIAL MANUEL BELGRANO Debo destacar que mi satisfacción se transformó en emoción al saber que ocuparía el sitial Manuel Belgrano, sucediendo en el mismo a una personalidad profesional, académica e internacional de gran relevancia, como es la del Profesor Dr. Julio H. G. Olivera.

El prócer, nacido en 1770 y graduado en el Real Colegio de San Carlos (hoy Colegio Nacional de Buenos Aires), se recibió de abogado en España y se especializó en estudios económicos, para regresar en 1794 al Río de la Plata. Fue Secretario del Consulado de Buenos Aires que tomando el modelo del Real Consulado de Sevilla, tenía por objeto promover el desarrollo económico, así como actuar para resolver determinado tipo de disputas comerciales.

Desde dicha función, que ejerció hasta 1810, fue el ideólogo que promovió la agricultura y la actividad industrial para crear valor económico a través del emprendimiento y desarrollo de nuevas actividades. Su concepto de productividad, que desarrollara ampliamente en sus escritos y artículos periodísticos, contiene la idea de la interdependencia entre la agricultura, la industria y el comercio. Propició la creación de las escuelas de comercio, de náutica y de dibujo.

Luego de destacada figuración en la Revolución de Mayo, integró la Primera Junta. Asumió la responsabilidad de participar en las luchas por la Independencia, comandando la campaña del Paraguay y la segunda expedición al Alto Perú y fue el creador de la Bandera Nacional. Por haber sido cuestionado en su acción militar, fue suspendido como Vocal de la Junta y como Brigadier -grado que le había sido conferido el 11 de enero de 1811-, a la vez que destituido como Jefe del Ejército expedicionario a la Banda Oriental.

Frente a ello, con hidalguía, no sólo exigió un pronunciamiento explícito de quienes lo juzgarían, sino también que por el mismo medio público de difusión, se pusiera en evidencia su inocencia. Es así como con fecha 9 de agosto de 1811, la Junta Provisional lo sobresee estableciendo “que el General don Manuel Belgrano se ha conducido en el mando de aquél ejército con un valor, celo y constancia dignos del reconocimiento de la Patria”. Tuvo notable actuación en el Congreso de Tucumán y una profunda preocupación por la institucionalización definitiva del país propiciando la fórmula de la instauración de la Monarquía Incaica (tal como cita Leoncio Gianello en su artículo
“La sesión famosa del 6 de julio de 1816”. La Nación 26.10.80).

Su pensamiento político se conjugó con su formación en lo económico, para dar paso a una fuerte conciencia de que los principales desafíos y problemas económicos de nuestra incipiente Nación, debían ser resueltos en el marco de precisas definiciones políticas. He aquí, sucintamente, una pincelada sobre el perfil del abogado, militar y estadista que se convirtió en uno de las más destacadas personalidades y líderes de nuestra etapa fundacional.

A él, mi respeto. Por su sitial, mi compromiso. GLOBALIZACIÓN, GOBERNABILIDAD Y RESPONSABILIDAD SOCIAL DE LAS EMPRESAS

1) LA GLOBALIZACIÓN Y SUS RETOS

Más allá de cualquier definición con la que se quiera caracterizar su naturaleza, el proceso de globalización es un dato de la realidad. Las notas más relevantes pueden ser múltiples y cabe enfatizar sobre unos u otros aspectos, según la óptica que se adopte, pero sin duda deberá ser considerado en forma especial el impacto y la velocidad del cambio tecnológico -primordialmente en el campo de las comunicaciones-, la volatilidad de los mercados financieros, los fenómenos de apertura económica y de integración, así como también -en lo específico- las repercusiones en el mundo del trabajo.

En todo caso, la globalización debe ser vista como un desafío para que el crecimiento económico sea el motor de la inversión, la incorporación tecnológica y la generación de empleo productivo y –en consecuencia- ser valorada como un fenómeno inclusivo. Aunque existe la percepción de que muchos de los problemas sociales y económicos del mundo actual son causados por la globalización, en realidad es la falta de ella lo que –a nuestro entender- está provocando -y aún incrementando- tal efecto. Por ello, la búsqueda de la “globalización para todos”, supondrá el mejoramiento del proceso de inserción regional y mundial mediante mejores acuerdos comerciales, mayor crecimiento, mejor tecnología y un rol gubernamental concentrado en las áreas cruciales de las funciones esenciales del Estado, garantizando adecuada infraestructura física y social.

Dentro de este proceso y más allá de que es necesario facilitar el acceso a esos beneficios resultantes de la integración económica global, tanto para los países que hoy no lo son como para los sectores sociales que aparecen como marginados y más vulnerables, lo cierto es que:

i. la globalización ha involucrado a más países en el comercio y la producción;
ii. la globalización ha sido –por lo menos- testigo de una mayor libertad política y económica en el mundo;
iii. la globalización ha ayudado a determinados países a implementar reformas exitosas tanto financieras y comerciales como institucionales, con el objeto de establecer un modelo sustentable de economía de mercado;
iv. el libre comercio posibilita el crecimiento económico y la incorporación de valor agregado y su generalización –de producirse a través de reglas adecuadas- contribuiría a reducir la pobreza, mejorando el empleo y la calidad de vida, a la par que garantizando una división más equitativa del trabajo en los países, a partir de sus ventajas comparativas;
v. las prácticas de libre iniciativa y mercado benefician a los consumidores y promueven una mayor inversión directa que –consecuentemente- coadyuva a generar crecimiento y empleo. Por lo tanto, es necesario considerar qué políticas se requieren para permitir que ello suceda en los países no beneficiados, así como también identificar los problemas y los obstáculos para desarrollar posibles soluciones. A tal efecto, un enfoque adecuado debe reconocer ciertos aspectos:

1) la respuesta debe dirigirse hacia la “nueva cultura de la globalización”. Por lo tanto los factores políticos, económicos, sociales, institucionales y de recursos humanos necesitan ser compatibles y fundados en el respeto a la dignidad del hombre, la justicia, la equidad y la solidaridad para ajustarse a las nuevas realidades;
2) un marco institucional debe estructurarse de forma tal que haga posible la gobernabilidad global (global governance);
3) las acciones deben consistir no sólo en políticas internacionales sino también locales, que favorezcan un proceso de mayor inclusión (local governance);
4) deben integrarse las cuestiones políticas, económicas y sociales con las referidas a la ética y los valores del proceso de globalización, el acceso a la educación y a la tecnología;
5) ello no se agota en el mercado, ya que el mismo no resuelve de por si todos los problemas, pero las soluciones deben lograrse dentro del contexto de la economía de mercado y con actores públicos y privados consustanciados con los desafíos y principios de la iniciativa privada y el respeto a la ley (corporate governance and social responsability);
6) Además, debe aceptarse que no hay fórmula única de crecimiento sustentable ni modelos exclusivos de viabilidad para un proceso de integración (no one size fits all response) Desconocer estos factores o darles un tratamiento incompleto ha llevado a muchas naciones al aislamiento y la falta de desarrollo económico y social.

Por ende, entendemos que debe adoptarse una “visión universalista”, con una finalidad de “integración” y esta perspectiva implica crear el marco para la “convivencia” deseable de la nueva mundialización.

Es preciso tener en cuenta que la vía para asegurar el adecuado funcionamiento de la gobernabilidad a nivel global (global governance), se ha de basar en el desarrollo de respuestas comunes en diversos campos:

a) Ratificando la democracia y el Estado de Derecho como sistema político, así como la libertad como valor principal y condenando toda clase de terrorismo;
b) Reconociendo los derechos humanos fundamentales, incluidos -en especial- los principios y derechos fundamentales en el trabajo;
c) Continuando con el proceso de liberalización del comercio y la afirmación de la economía de mercado, para garantizar el acceso a los mercados, eliminando las barreras comerciales irrazonables;
d) Promoviendo políticas de inversión, acceso a la tecnología, al fomento de la iniciativa privada y al desenvolvimiento de las empresas. Las políticas fiscales y los marcos regulatorios deben tener predictibilidad, transparencia y estimular la inversión, especialmente en la pequeña y mediana empresa. Deberá tenerse en cuenta que una razonable protección del derecho de propiedad, es importante en la generación de capital e inversión.
e) Poniendo énfasis en que la creación de empleo constituye el eje del progreso social y es el resultado de adecuadas definiciones, en un entorno favorable de políticas económicas y sociales;
f) Mejorando las redes de seguridad social sin dañar la competitividad, factor esencial para crear y mantener empleos;
g) Asegurando, mediante la educación y la formación profesional, una política de recursos humanos como parte de una estrategia para reducir la brecha entre la llamada “sociedad del conocimiento” y los países en desarrollo o los grupos marginados económica o socialmente, habida cuenta que el mejoramiento de la calidad de los empleos está ligado al crecimiento económico, a la tecnología y a la productividad;
h) Adaptando las regulaciones para responder a las necesidades del sistema productivo y la promoción de la inversión, dado que las legislaciones vigentes en muchos países no son hoy útiles en el marco de la profunda transformación tecnológica y de los cambios en la organización de la producción y del trabajo;
i) Confirmando la importancia del diálogo social para alcanzar estos objetivos, haciéndolo real y efectivo en la práctica

Yendo –en particular- al campo del libre comercio, está claro que se requieren reglas que rijan para todos y en tal sentido, no se puede –por un lado- exigir apertura económica si por el otro se mantienen barreras arancelarias o paraarancelarias que actúan como mecanismos proteccionistas constituyendo una restricción más en el camino hacia el desarrollo.

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