Buenos Aires, 26 de octubre 2007
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Discurso de incorporación del Sr. Alberto W. H. Roemmers

 

Señor Presidente,
Señores Académicos,
Señoras, Señores.

Ante todo, deseo agradecer al Académico Carlos Miguel Tacchi las generosas y benevolentes palabras con las que se ha referido a mi persona.

No soy afecto a pronunciar disertaciones, y mucho menos a referirme en ellas a mi empresa, pero habiendo aceptado el honor de incorporarme a la Academia Argentina de Ciencias de la Empresa, trataré de cumplir de la mejor manera con esta tarea.

Sin duda es para mí motivo de orgullo ocupar el sitial que lleva el nombre mi padre, Alberto José Roemmers.

Mi padre nació en 1890, en Lennep, Renania, en Alemania, y participó en la primera guerra mundial como oficial de artillería. Después, en 1919 visitó Argentina por primera vez y se sintió atraído por la cordialidad de sus habitantes y la pujanza de este joven país.

En 1921 regresó a Buenos  Aires, se casó entonces con mi madre, Candelaria Wolter, y se radicó en la Argentina.

Con el aporte de tecnología alemana fundó la empresa de especialidades medicinales que lleva su nombre, y que hoy cumple 75 años.

Más adelante, sentó las bases para el desarrollo de la industria farmoquímica, es decir, la producción de materias primas para la industria farmacéutica, en la que nuestra empresa fue pionera en el hemisferio sur, encontrándose en la actualidad entre las más avanzadas del mundo.
Mi padre estaba imbuido de ideales de ética, respeto por los derechos humanos, superación y búsqueda de la excelencia, que supo transmitir a sus colaboradores.

Si nuestra empresa ha alcanzado el grado de importancia actual, estimo que el mérito de sus conductores reside, principalmente, en haber seguido el ejemplo de su fundador. La realización personal a través de la superación en el trabajo, dando preeminencia al hombre sobre la función.
Toda empresa es la concreción de un sueño, por un grupo de hombres. Sabemos que el éxito depende de la perseverancia, la creatividad y del realismo con que se enfocan los problemas según las circunstancias.

Ese sueño que continúa vivo en nuestra firma, es el perseverar y comprometerse en la búsqueda de la excelencia y, a través del mejor producto y la mejor calidad, prestar el mejor servicio al cuerpo médico y a la comunidad.

Pero hay, a mi juicio, una premisa fundamental que debe regir toda esa actividad. El empresario debe tener conciencia de que, al mismo tiempo que está construyendo una empresa, está también estructurando una comunidad humana y es partícipe de su transformación y crecimiento. En la empresa debe primar el espíritu de equipo, la motivación y el respeto mutuo. Todos y cada uno son necesarios y deben sentirse integrados y partícipes del objetivo común.

Desde la década del veinte a la actualidad, se produjeron en la Argentina numerosas e importantes transformaciones en los campos social, económico y político. Cambios que afectaron de manera a veces drástica, la actividad económica y comercial, las inversiones, la manera misma de encarar la actividad empresarial.

También se fue acrecentando, a medida que la sociedad adquiría nuevos valores y se regía por nuevas pautas, la responsabilidad del empresario ante la sociedad. No es fácil hablar de este tema, sin haber asumido previamente el compromiso de manejar los negocios con sentido ético y un enfoque solidario.

El Estado, en algunos países como el nuestro, tiene ahora menos presencia en algunas áreas donde antes era preeminente, dejando un vacío que los hombres de empresa deberíamos llenar.
En primer lugar la educación. En este aspecto, la Universidad Argentina de la Empresa toma un papel protagónico, que merece destacarse y debe servir de ejemplo. Esta labor educativa debe realizarse también en las empresas, formando y capacitando a sus colaboradores. Esta es una condición que implica, al mismo tiempo, revalorizar el trabajo del individuo, ampliando sus horizontes, y facilitar la elevación del nivel cultural del ámbito en que se mueve, incluyendo la influencia indirecta que tal educación tiene sobre sus respectivas familias.

No hace falta decir que la educación es la base que hace posible el desarrollo y el progreso de cualquier nación. La colaboración y coparticipación de las empresas con los centros educativos es un área fértil y necesaria y debería profundizarse y extenderse por nuestro país.

Otra vertiente en la que cabe a los empresarios una tarea a realizar, es la investigación. Como es sabido el Estado aporta insuficientes recursos a la misma, creando espacios que deberíamos suplir.
La Fundación Alberto José Roemmers, fue fundada por mi madre en el año 1975, en memoria de mi padre, para el desarrollo de las ciencias médicas. Entre otras actividades, edita libros de texto escritos por los profesores y destinados a los estudiantes de medicina. Estas obras se venden a precio de costo y son financiadas por la Fundación. La Fundación entrega anualmente subsidios a equipos de investigadores, en investigación básica e investigación aplicada; para investigadores formados y también noveles.

Desde 1980, ha otorgado 479 subsidios por un monto que supera ampliamente los 4 millones de dólares.

Una responsabilidad primaria del empresario es el cuidado y preservación del medio ambiente, asegurando un desarrollo sostenible. Nuestra empresa presta preferente atención a este aspecto.
En otro orden, hemos editado el primer libro de texto sobre Ecología, para educación primaria, así como las guías para orientar a los docentes en esta materia.

Entre las actividades culturales, numerosas empresas promueven distintas manifestaciones culturales y artísticas. En música, exposiciones de pintura, escultura, etc. Muchas de estas manifestaciones no serían posibles sin la participación de las empresas. Nuestra empresa colabora en el impulso y sostén de estas actividades. También ayudando, entre otros, en el cuidado de la ciudad y sus monumentos. Edición y donación de libros para colegios y universidades. Editamos informativos con novedades en el campo de la medicina y brindamos el acceso a bancos de datos del país y del exterior a través de redes informáticas en forma gratuita. También nos ocupamos de socorrer con medicamentos en casos de emergencias.

Ahora dejaré de hablar de la empresa como entidad abstracta y comenzaré a referirme al empresario. Es éste el que decidirá la medida y profundidad de interrelación de su empresa con la comunidad, es decir que hoy el empresario, además de su función específica, tiene la posibilidad y, en cierto modo, el deber de actuar sobre la comunidad, transmitiendo y afirmando valores éticos y exportando, de algún modo, su ideal de superación y de excelencia y los valores humanos trascendentes que caracterizan a las empresas exitosas.

Es la conexión del microcosmos de la empresa con el macrocosmos de la Nación, porque el mensaje de muchas empresas llega a los lugares más recónditos. Y en este mundo de competitividad global, los empresarios en la interrelación con sus pares y otras comunidades, se constituyen en embajadores de su país y su cultura.

Muchas gracias.

 

 




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